El gran movimiento

Luego de caminar durante una semana, Elder y sus compañeros mineros llegan a La Paz para exigir la restitución de sus trabajos, pero Elder se enferma y su salud comienza a deteriorarse. Mamá Pancha y Max, un médico brujo, ermitaño y payaso, darán todo de sí mismos para que el joven se recupere. En Viejo calavera, Elder Mamani sobrevivía casi a su pesar en las profundidades hostiles de una mina de estaño. El paisaje urbano de la capital La Paz (retratado por Russo, con el mismo trazo seguro de su primer largometraje, como un fondo borroso para el sonido, un espacio sin más centro ni contornos que el volumen del ruido), adonde Elder llega para participar de una protesta, no resulta menos inhóspito ni encuentra al protagonista mejor adaptado a sus circunstancias. Ahora a cielo abierto, su alienación se vuelve física como una enfermedad paralizante. Aunque no tanto –por suerte– como para impedirle la catarsis del baile, en una reversión gloriosa del videoclip de “Thriller” que resignifica la descripción de Elder en el catálogo 2017 como un “zombi en la noche subterránea”. (Agustín Masaedo)