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Bienvenidos a FICIC 10

EL DESEO DE CINE

La imprevisible calamidad biológica que se iniciaba en el inicio del año pasado detuvo la edición que hoy celebramos y que debería haber tenido lugar a fines de abril de 2020. Estaba casi lista, pero en unos pocos días vimos despedazarse la construcción de muchos meses de trabajo. En ese momento, no nos convencía hacer el FICIC de forma virtual, y la situación era demasiado nueva como para hallar un camino posible.

Un año después, todo estaba listo para anunciar la décima edición, que habría de realizarse de modo presencial. Así lo veníamos pensando, pero ahora sí teníamos experiencia y habíamos analizado cualquier imprevisto impuesto por la velocidad de los contagios, las apariciones de cepas indomables y tantas otras variables epidemiológicas que determinan la vida en común. Un día antes del anuncio, el actual presidente argentino tomó decisiones drásticas y nosotros elegimos razonar sobre las medidas antes de reaccionar bajo el imperio de los intereses propios. Preservar la salud era un imperativo.

Decidimos entonces desdoblar el tiempo del festival en dos: una primera experiencia en línea, ahora, en abril, una segunda instancia comunitaria, presumiblemente en primavera. No queríamos alterar el calendario y disipar hacia adelante la necesidad de concretar y dar a compartir nuestro trabajo. Pero tampoco queríamos rendirnos y prescindir de la sala y de las proyecciones. Este desdoblamiento tiene un objetivo consciente: entendemos que un festival de cine es una experiencia social y estética cuya condición de posibilidad reside en el encuentro de una comunidad con un conjunto de películas que se exhiben en público, se discuten formal e informalmente y estimulan visiones del mundo y del cine. Como el cine mismo, un festival puede ser un acontecimiento que irrumpa en el curso de la vida cotidiana, trastoque su configuración habitual y renueve las miradas.

Si el arte es una forma de experiencia que tiene efectos sobre la forma de hacer cualquier tipo de experiencia, todo festival que acepte llevar a cabo su cometido solamente de modo virtual da a entender que la experiencia del arte es disociable de su naturaleza comunitaria y vindica incautamente el streaming como un sustituto de la proyección. Sin embargo, se trata de dos órdenes inconmensurables: en un caso, concebido para consumidores de imágenes; en el otro, para espectadores activos y emancipados. Dicho de otro modo, ver cine no es consumir imágenes, porque un plano no es una mercancía y porque una película puede ser más, mucho más que un mero estímulo para pasar un rato.

Detrás de todo lo que programamos y de cada actividad que hemos ideado, existe un deseo de cine. Y ese deseo es el deseo de lo otro, el deseo de ir más allá de lo propio por la gracia de una invención hermosa llamada cine que restituye otras vidas. Sean bienvenidos y bienvenidas a la décima edición del FICIC.

Roger Koza

Director artístico