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FICIC 2015 . diario (1)

Un festival internacional de cine que comience con un locro exquisito en el patio de la casa de la madre de una de las directoras del festival puede parecer una excentricidad. Si además le sumamos unas empanadas exquisitas también y un sabroso vino y algunas gaseosas más decorativas que degustadas. Si además le agregamos una parra y un mediodía soleado y el paisaje de las sierras cordobesas sin burritos y sin el chango Nieto entonando el viejo río Cosquín y encontrarse con amigos nuevamente y conocer algunos nuevos bueno…todo esto puede parecer casi idílico. Lo es. Sólo faltaba que Mesi desparramara dos veces en cinco minutos a Neur, el arquero del Bayern Munich, uno de nuestros verdugos en el último mundial, para completar una tarde de entera felicidad. Y el film de apertura, por supuesto, lo cual significa, entre otras cosas, que estamos en un festival de cine. No hay nada feliz en Charlie´s country, el film de Rolf de Heer, nacido en Holanda pero tan australiano como David Gulpilil, el actor aborigen que interpreta a Charlie, con el cual había ya trabajado en The Tracker (2002) y conocido por sus papeles en Cocodrilo Dundee y Australia, entre otras. Aunque quizá no tan australiano, como Charlie le hace notar una y otra vez a los integrantes de la patrulla policial destacada en un territorio otorgado por el gobierno para cumplir su rol como tal, una suerte de reserva custodiada para los aborígenes nativos desplazados del control de su tierra y sus recursos naturales. No es necesario adentrarse en la historia colonial de Australia para comprender el film y tampoco ser un especialista en conductas humanas para entender el porqué del alcohol y el resentimiento. De hecho no hay ninguna pretensión antropológica o sociológica en Rolf de Heer que, claramente, no es Jean Rouch, aunque Diez Canoas (2006) sea una soberbia puesta en escena de los mitos aborígenes y se asemeje un tanto a lo filmado durante toda su carrera por el gran director francés. La sencillez formal y narrativa de Charlie´s Country puede parecer casi provinciana y cuando el film sale de la reserva abandonando sus toques de humor y de aguda tristeza adentrándose en una zona oscura rozando la decadencia definitiva, que podría llamarse “el martirio de Charlie”, pierde gran parte de su potencia vital y su ánimo juguetón y picaresco aunque no gracioso. Afortunadamente no sucede lo peor, esto es Charlie retorna a su comunidad, y el aceptar el ofrecimiento para enseñarles a bailar a los jóvenes, cuando ya lo había negado terminantemente una vez, convierte a Charlie, al menos por esos instantes, en una persona tan alegre como vital. No obstante, no hay ningún regreso triunfal en esto, ningún rasgo de cristiana redención asomando por ahí, ningún gesto de piadosa condescendencia colonial. El último plano del film mientras se suceden los créditos es un primer plano del rostro de Charlie, hay algo invencible en ese rostro signado por las edades de su tierra y en esa lejana y triste mirada hacia cualquier horizonte posible. Tal vez, tan sólo, la inquebrantable voluntad de permanecer.

Hoy no hubo locro ni fútbol pero sí películas. Falta mucho para terminar el día con Sombras del mal (1958) del gran Orson Welles, proyectada en 35 mm. por Fernando Martín Peña en un ciclo denominado film-noir para principiantes; imperdible, por supuesto. Esto es parte de aquello que anima este festival, señalado por Roger Koza en la presentación del film de apertura: la historia del cine nunca es, o debería ser, historia, sino un diálogo entre los tiempos del cine, que son siempre presentes, claro está. No estoy muy seguro que haya dicho esto exactamente pero no importa demasiado; uno siempre imagina planos o escenas o frases que nunca estuvieron en una película. De eso se trata un poco todo esto también. El actor David Gulpilil pasea su gracia gestual a lo largo de todo Charlie´s Country. Esto es absolutamente verdadero.

Fernando Luis Pujato

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