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FICIC 2015 . Diario (3)

Nuevamente los clásicos noir y nuevamente el 35 mm. y Mientras la ciudad duerme (1950) de John Huston, y esos personajes fuera de la ley nunca maltratados ni reducidos a estereotipos de cualquier índole, paseando su dignidad por todo el film aún cuando intenten traicionar, sin demasiada convicción por lo tanto sin ningún resultado, a sus compañeros, y aún cuando todo comience a desbarrancarse y adivinemos sus finales y comprendamos que nunca podrían haber ganado su pequeña batalla contra el imperio de la ley aunque esta no siempre actúe como tal, nunca hubieran podido asentarse en México y disfrutar de sus playas y sus jóvenes, y nunca levantar de nuevo aquél rancho paterno de Kentucky pues el final de la huida es morir, tal vez reposar finalmente, en el centro de ese lugar abandonado mucho tiempo atrás, acariciado por los caballos. Después, el film de Huston sirvió de modelo para casi todos los films acerca de cómo planear un robo y, por supuesto, fracasar. Y, por supuesto, un raccord fabuloso y los planos en ángulos casi imposibles con profundidad de campo. Y si hay un film donde los planos componen una puesta en escena de cuadros en movimiento o de cuadros dentro de los cuales la gente circula y se mueve pese a su aparente quietud, este es No todo es vigilia (2014) de Hermes Paralluelo, el director de Yatasto (2011), ese film delicado y profundo sobre los carreros en un barrio marginal de Córdoba, con unos personajes entrañables, sobre todo el de Ricardito. Un niño y un gag: la infancia del cine sigue ahí. Pero ahora es la vejez, la proximidad de un final irreversible, y no es nada fácil filmar esto, la constatación de la finitud, sin recurrir a identificaciones, a futuro o no, y sin lágrimas y sin tristeza, y entonces esos pequeños toques de humor y esos pequeños relatos de vidas ya pasadas y esa certeza inclaudicable de no terminar en un asilo pero sí permanecer acompañándose, le otorga a los abuelos de Paralluelo, a los personajes del film, al film en sí mismo, una sustancia amorosa tan vital como profundamente cercana a cualquier humanidad dentro de este ancho y, a veces, venturoso lugar que nos ha tocado transitar por un ignoto lapso de tiempo. Una puesta en escena exquisita por su sonido e iluminación y un final, por decir lo menos, luminoso. Tal vez, por una paradoja que no lo es tanto, la porfía de Charlie por permanecer en su porción del mundo en Charlie´s Country, el film de Rolf de Heer que abrió este festival, sea la misma que el de Felisa y Antonio, los nombres particulares de una experiencia universal. La de aquellos que aún caminan por entre los recuerdos de su existencia aferrados a ésta, su única vida.

Tampoco es una casualidad esta porfía y estos afectos en el centro de un festival tan obstinado como amoroso. Falta una jornada y luego la despedida. Pero como los personajes del film de Huston y como los del film de Paralluelo, uno nunca se va del todo de esos lugares de sentida pertenencia.

Fernando Luis Pujato

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