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FICIC diario (4)

El último día de un festival de cine casi siempre resulta ser un tanto triste. Se pasan pocas películas, seguramente hubo una fiesta hasta la madrugada la noche anterior, algunos incluso han partido antes, y en los que quedan hay como una extraña sensación de estar despidiéndose para siempre de hermosas e intensas jornadas de cine, amigos y salidas. El cansancio ayuda, claro está, y mientras bajo las pocas escaleras de madera al ritmo zombie que le dicen para llegar a tiempo al desayuno, pienso que si este hermoso hotel llamado Siempre Verde no tuviera este patio con plantas y flores de todo tipo y sus amabilísimos dueños no fueran tan amables como siempre lo fueron y su desayuno no fuera tan rico y variado -dulces caseros y ese tipo de cosas- el día soleado y sin nubes se me antojaría tan terrible como para un vampiro de algún buen film de vampiros de aquellos que no hubieran mutado para poder soportar la luz del día. Digamos un Nosferatu (1922) o un Only Lovers Left Alive (2013) para situarse en extremos temporales y estéticos tan bellos como sus planos y sus criaturas; ¿y para cuándo un buen film de vampiros en este festival de cine? Me cruzo con algunos de mis compañeros y amigos de Cinéfilo, también zombies intentando desayunar, y con Josefina Gill, un poco más despierta que todos nosotros, la directora del corto Desde la marea con la cual había conversado el día anterior antes del programa de radio que se emite en vivo desde la centenaria confitería La Europea en la cual es difícil no sentirse al menos un tanto mimado y extasiado por sus tortas y su riquísimo cortado en jarra. Charlamos bastante acerca de la voz en off de su film, un intento por poner en escena a través de un viaje en barco tan real como imaginario, la extrañeza de sentirse con un pie en el pasado de sus abuelos alemanes exiliados en este bendito sur y la extrañeza de sentirse con el otro pie en el presente de aquél país que aún guarda resabios de las dos guerras mundiales. La charla se extendió en el programa mismo y Josefina Gill se tomó bastante en serio mis reparos para con esa voz o, más exactamente, para con el tono supuestamente neutro de esa voz. Estos reparos pueden o no ser pertinentes pero el hecho de poder conversar civilizadamente -esto es: sin enojos e histerias- dan cuenta de todo lo acontecido en este programa de radio y en el festival en general: las diferencias son sólo eso, aún cuando sean profundas, y el cine es algo mucho más importante que ponerse de acuerdo o no con tal o cual aspecto de tal o cual film; aunque se deba discutir siempre, por supuesto, y no se llegue a ningún tipo de transacción, por supuesto. De esta forma discutimos con el camarada chileno Iván Pinto, crítico de cine y miembro del jurado de competencia, sobre Mouton, de Gilles Deroo, y el brazo cortado de Mouton, el protagonista excluyente del film hasta ese momento, con una motosierra por un demente en una fiesta provinciana sobre un muelle adornado con flores y guirnaldas del tipo provincianas donde el pobre de Mouton la estaba pasando muy bien con su flamante novia y sus compañeros un tanto freaks como él hasta ese corte, que no sólo significa su desaparición en el resto del film sino también un corte en el film mismo transformándose en una suerte de viñetas acerca de sus compañeros freaks, por lo que aquél corte del brazo homologado por el corte en el film resulta bastante grosero para funcionar como metáfora si es que éstas alguna vez funcionan en los films, o algo por el estilo, como bien lo señaló en la mesa de la radio, mientras atacaba su porción de selva negra, Geraldine SK, crítica y programadora en el espacio de cine experimental Hambre, sea lo que fuere que signifique esto -y el que suscribe también colabora en este espacio, por lo que aquella sentencia godardiana de que el “cine es un país ocupado” puede tener algo de cierto pero que sus fronteras son cada vez más imprecisas y difíciles, por no decir imposibles, de delimitar, es ya un lugar común. Así continuamos discutiendo con el camarada Pinto sobre Victoria, de Juan Villegas, y su carácter artesanal y su registro formal incomprensible según ambos planteamos alternativamente, mientras, al tiempo que saboreaba el último trozo de selva negra ante la mirada atónita de su “propietaria” Geraldine SK, el inefable crítico de cine Jorge García se ponía de acuerdo con Pinto, lo cual da cuenta de que la crítica de cine puede no ser patriota pero sí revestir una suerte de confabulación latinoamericanista. Antes, en días anteriores, también estuvo el historiador de cine Fernando Martín Peña hablando del foco noir que programó sobre tres films norteamericanos, del 35 mm. y del cine clásico y de La obra del siglo, de Carlos Quintela, que no le había gustado mucho, al igual que a García y a Sebastían Rosal, crítico de cine también, y al principio un tanto reacio a hablar con el micrófono en mano pero que, finalmente, fue a todos los programas y resultó bastante difícil quitárselo, o hacerlo callar. También co conduciendo un par de días el amigo, excelente compañero de cuarto, y crítico de cine Martín Iparraguirre, paseó su sabiduría radial, habló con Jazmín Carballo, la directora de Los besos, con los responsables del posgrado en documental de la UNC, y de todas las películas que pudo ver, bastantes por cierto. Y el crítico de cine Juan Pablo Cinelli, y Mic Ritacco, la directora del corto Reina Sofía, potencia formal pura, y Sol Denker, la directora del corto Sinfonía Húngara, potencia afectiva pura. Y Lourdes Andrada como flamante locutora y Emilse Romero Hillman como no flamante operadora. Y muchas personas a las cuales no recuerdo en este momento pero junto a las cuales nos divertimos hablando de cine, aunque a muchos les cueste tomar en serio esta última afirmación teniendo en cuenta que hubo demasiados críticos en los tres días del programa de radio dedicado a cronicar el Festival de Cine Independiente de Cosquín, versión 2015.

La programación es excelente y el team maravilloso. Sí, hay problemas de infraestructura. Sí, hay otros problemas por solucionar y no voy a nombrarlos aquí porque ya fueron señalados y no es cuestión de exorcizarlos con (otras) palabras sino con hechos, es decir, solucionarlos para la próxima edición, es decir, en meses nomás. La obstinación por permanecer pese a todo en Charlie´s Country, los inextinguibles afectos de toda una vida en No todo es Vigilia, la amistad como una forma de conjurar las miserias de este mundo en A Vizinhança do Tigre, por no extender más la lista y reducirla sólo a tres films, son el tono justo de este festival. Y el locro y las empanadas y el vino de la apertura. Y todo el resto de estos amorosos días.

Fernando Luis Pujato

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